72 - Diario IV
Querido Diario:
Primero aprendimos que asumir es un error; después, que dudar es una tortura inútil.
Ahora debería venir la moraleja.
Boris.
70 - Diario II
Querido diario:
Los problemas menores me afectan más que los importantes. Debo estar madurando.
Los problemas menores me afectan más que los importantes. Debo estar madurando.
Boris.
69 - Diario I
Querido diario:
Soñé con un chancho infinito.
No es muy grande, no es inmortal, solo perpetúa su condición de chancho.
Cuando creo que se termina, empieza de nuevo.
Boris.
No es muy grande, no es inmortal, solo perpetúa su condición de chancho.
Cuando creo que se termina, empieza de nuevo.
Boris.
68
Mi equipo de colaboradores me avisa que la junta de
inversores de este blog cerró el balance 2018 con menos beneficios de los
esperados, por lo cual me veo forzado a tomar medidas drásticas para recuperar
el brillo y el glamour de épocas pasadas.
Empezamos con un sofisticado rediseño integral (largos minutos eligiendo la nueva plantilla)
y el anuncio del plato fuerte de la nueva temporada: la publicación de mi Diario
Íntimo.
Los más oscuros secretos de un servidor desnudos en una
serie de dibujos y reflexiones imperdibles.
Así que no se lo pierdan.
67
La realidad se define por un conjunto de coordenadas que
estructuran el pensamiento y están determinadas por los principios dominantes
de la época. En algún momento eran los dioses, en otro la ciencia, ahora los
medios.
Por eso cuando una pantalla te dice que llueve, aunque tengas
adelante al que te está meando, igual vas a buscar el paraguas.
Habrá que esperar que pare. O vender paraguas.
66
Dicen las encuestas que 6 de cada 10 personas creen que su situación económica no va
a mejorar en lo que resta del año.
Pero 2 de esas 10 también creen que las cremas antiarrugas
reducen las arrugas, otras 4 creen que un señor con barba que vive en el cielo
le va a solucionar los problemas, 3 creen que el ajedrez es un deporte y la última
cree que la milanesa de soja califica como milanesa.
Así que la única conclusión posible es que, aunque parezcan
que tienen razón, no se puede confiar en las encuestas, no se puede confiar en
las estadísticas, pero, sobre todo, no se puede confiar en las personas.
Menos si vienen de a 10.
65
Ponele que los extraterrestres hicieron las pirámides. Puede
ser, quien sabe.
Pero, si lo pensás un poco, una pirámide es una forma bastante
básica, nada muy espectacular. Encima de cascotes, bastante desprolijo todo. Si,
está bien, son grandes, pero para una civilización avanzada con tecnología de
vanguardia eso no debería ser un reto.
Estaría impresionado si lo hubieran hecho un montón de tipos
a mano, sin un solo enchufe. Eso sería un logro monumental. El costo es otro
tema.
Así que estarían quedando solo dos opciones: o son una pelotudez
inexplicable, o un recordatorio de lo inexplicablemente pelotudos que somos.
64
¿Te das cuenta? Me voy un rato y se va todo a la mierda. No
los puedo dejar solos.
Habíamos quedado en que pensar demasiado arruina la
experiencia, pero demasiado poco tampoco es bueno. Siempre hay alguien dispuesto
a pensar por vos, y ahí cagaste.
Y cagamos todos. Terminamos tapados de memes que nos ahorran
la conclusión y encima son graciosos, lo que sería buenísimo si no corrieran el
foco, diluyeran el sentido y lo arrastraran a la más desoladora intrascendencia
en forma de catarsis.
Ya sé que quejarse de internet en un blog es como protestar
contra la burocracia por fax, pero es lo que hay.
Pónganse las pilas. Último aviso.
63
Saber poco es un problema, saber demasiado una maldición, saber
solo lo suficiente, una pequeña tragedia.
El equilibrio no es una opción. Para lograr eso habría que definir el
punto de apoyo, y no creo que haya uno solo.
La única que queda es aceptar o, si se puede, elegir dónde
pararse y tratar de entender algo desde ahí, aunque sea insuficiente.
Y siempre es insuficiente.
Buenas noches.
62
Dejate de joder. Agarrar de punto a ese impresentable
barnizado es salir del laberinto por arriba.
Aunque es verdad que funciona. Al lado de este señor somos
todos el Che Guevara con la camiseta de Greenpeace donándole sangre a un
refugiado libanés mientras acariciamos a un cachorro, salvamos una ballena y ya
que estamos, a un inundado santafesino que justo era un taxista honesto que devolvió
un montón de plata a un ingenuo pasajero que iba a
pagar la costosa operación de un sobrinito que es fanático de All Boys, que
nunca pudo salir campeón. Pobre pibe.
La cuestión es que esta paupérrima coincidencia hace parecer
que estamos todos de acuerdo en algo. Y resulta que no, si repasamos los argumentos
vamos a ver que las razones para odiarlo son las que desnudan las diferencias.
Entonces no queda otra que reconocer su sinceridad y coherencia,
y aprovechar la ocasión para aclarar los tantos.
Gracias, Donald, por esta involuntaria e invaluable oportunidad.
61
Ah, el amor, el amor… Una de esas cosas que no vale la pena
explicar.
Sin embargo, en algún momento y sin que nadie lo demande, la
explicación llega sola. Ponerle palabras a esa mezcla de efusión
hormonal, fantasía romántica y necesidad de afecto es inevitable.
Pasada la etapa inicial de pasión desenfrenada la razón pide
pista, y generalmente aterriza acompañada de la duda. Y como sabiamente dijo
Aldo Rico, la duda es la jactancia de los intelectuales, así que habrá que
resolver el dilema con las herramientas que tenemos: hormonas, fantasía y
necesidad.
Y que sea lo que sea. Pero que sea.
60
La idea de cambiar para seguir siendo el mismo no es ninguna
novedad. El barco de Teseo, el río de Heráclito y la casita de Tucumán no me
dejan mentir.
Cuando las circunstancias te mandan a la banquina no queda
otra que maniobrar para mantener el rumbo, y la única manera de hacer que las
cosas sigan más o menos igual es ir mutando.
A menudo se confunde con evolución, pero eso implicaría una mejora en algún
aspecto, algo que no siempre sucede.
En general se trata de mantener las cosas como estaban
haciendo que los cambios sean imperceptibles, negando el proceso. Lo resistimos
porque asumir que podríamos ser otro no es fácil. Eso explica el alto valor social
de conceptos tan ambiguos y abstractos como “ideales” y “coherencia”.
En mi nueva vida voy a ser yo. Pero, como dice Nacho, ahora no.
59
Debes saber que si decides pintar meticulosamente la cerca del
jardín difícilmente logres darle una segunda mano a la piecita del fondo. Porque cada logro implica una pérdida, en cada elección algo se resigna.
Recuerda que esa tabla que orgullosamente rompes de una
patada voladora es reflejo de tu superación, pero también un poco menos de
machimbre para tu cielorraso.
Escoge sabiamente.
58
Ya establecimos (acá) que la actualidad es una trampa, así
que no vamos a cometer el error de sacar conclusiones sobre acontecimientos
corrientes.
Lo que no podemos evitar es que cualquier cosa que se diga
sea entendida como un comentario indirecto sobre el presente inmediato. Eso
pasa porque para ser medianamente funcionales necesitamos entender qué está
pasando ahora.
Entonces caemos en otra trampa, la de la interpretación.
Explicamos la crisis energética con una cita de Oscar Wilde,
comparamos un piquete en la 9 de Julio con la batalla de Stalingrado y terminamos
evaluando un comentario de Santo Biasatti como si el tipo fuera la reencarnación
de Sócrates (el griego, no el brasilero).
La razón se mezcla con el pensamiento mágico para formar un
engrudo de fe, deseos y convicciones que tapa momentáneamente la gotera pero no
para la lluvia.
Mientras tanto, como decía el filósofo Mártin Wullich, una
nueva hora comienza.
Y nos lleva puestos.
Y nos lleva puestos.
57
Si hay que ir, vamos. Cuenten conmigo.
Me mudé tantas veces que una más no hace diferencia. Marte
me parece bien.
Aunque, si me permiten, la única objeción que tengo es que ya
pasamos por esto y vimos como resultó. Cada conquista de un nuevo mundo dejó un
tendal. No veo por qué esta vez vaya a ser diferente.
Ya sé que no soy indio, negro ni marciano, pero igual me
preocupa un poco. Andá a saber a quién le toca esta vuelta.
56
Lo más difícil es saber cuál es la distancia justa. De lejos se pierde el detalle, de cerca
desaparece el contexto. Todo lo que vemos y creemos está condicionado por ese
encuadre arbitrario.
Por ejemplo, nadie va a discutir que al lavarse los dientes
hay que cerrar la canilla para no desperdiciar agua, pero si te alejás un poco
se podría concluir que el desgaste que genera esa acción implica un desperdicio
mayor: de tanto abrir y cerrar la canilla se rompe el cuerito, hay que ir a la
ferretería, el ferretero le compra la mercadería a un distribuidor, que le
tiene que poner gasoil a la camioneta para ir hasta la fábrica, donde el
fabricante multiplica su fortuna porque además de ser un magnate de la
industria del cuerito es propietario de la cadena de estaciones de servicio en
la que carga combustible el distribuidor, y con parte de su patrimonio se
compra una mansión en nordelta que tiene un exótico parque de 400 hectáreas que
requiere riego permanente y gasta muchísima más agua que yo haciendo buches.
Hay muchas formas de leerlo, así que supongo que la
distancia justa será la que mejor se ajuste a los intereses de cada uno.
Quizá sea hora de dejar la canilla abierta y alejarse un
poco. A ver qué pasa.
55
La pregunta es ¿Se puede lograr algún tipo de elevación espiritual sin
terminar cayendo en alguno de esos clichés infumables que no califican ni para
slogan de yogurth?
Si me apurás te digo que no, pero viste como soy yo, no me
des mucha bola.
Lo bueno es que no hay
ningún apuro, así que te lo desarrollo un poco: es muy probable que estés confundiendo
revelación mística con intoxicación láctea.
Si ves una luz, andá. Seguramente sea de la heladera, pero
no se pierde nada con probar.
54
Ese es el problema de lo virtual, que no existe.
En realidad sí, pero no tanto. Uno sabe que está, que si se
puede percibir es porque tiene algún tipo de entidad. Que no sea física no
quiere decir que sea menos válida.
Pero igual flota la incertidumbre. Y cuando la duda se impone,
cagaste.
La virtualidad es una utopía realizada, y como cualquier
utopía, está destinada a fracasar.
Cuando el chotazo es analógico no hay tecla que lo frene.
53
Disculpá que te lo diga así, pero tu obsesión con la
puntualidad es un problema más grave de lo que parece.
Así que por favor no me rompas las bolas si te
caigo un poco tarde y hablemos de lo que importa. Exactamente un rato.
Atrás de todo ese discurso de respeto, conciencia cívica y
sarasa estás escondiendo una pulsión morbosa que busca poner en falta al otro
para compensar falencias mucho más complejas que una simple falta cronométrica.
Tenés que entender que la precisión no es más que una
ilusión práctica que puede servir para algunas cuestiones específicas, pero nunca
como regla general. La exactitud es una quimera, y vos estás igual de lejos que
yo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















